En el fútbol juvenil, los jugadores nacidos al inicio del año de selección suelen ser más grandes y fuertes que los compañeros nacidos meses después. Los entrenadores, sin querer, tienden a elegir al jugador más maduro físicamente. Los investigadores lo llaman el efecto de la edad relativa.
El resultado es que se pasa por alto a muchos jugadores talentosos solo por ser más jóvenes dentro de su grupo, o por madurar más tarde. Que corten a un jugador de corta edad suele ser cuestión de tiempos y desarrollo físico, no de capacidad ni de techo.
Muchos jugadores a los que descartaron temprano tuvieron largas carreras cuando su cuerpo se emparejó y el juego premió la técnica por encima del tamaño. La historia rara vez termina a los doce o catorce años.
Para las familias, la lección es paciencia y perspectiva. Una evaluación honesta mira más allá de la ventaja física de este mes y se pregunta en qué puede convertirse un jugador. Esa es la lectura en la que vale la pena confiar.


